viernes, 2 de julio de 2010

La caída de un grande: Brasil a casa.

Regreso del exilio involuntario de la red para comentar la caída de un grande.

El fútbol es un deporte de contrastes, de alegría extrema y lágrimas de dolor. Hoy Brasil, en los cuartos de final del mundial sufrió el desprecio que lanzó a todos los rivales que tuvo en frente. Dunga nunca supo parar al equipo en el campo, su soberbia y aparente autosuficiencia le jugaron siempre en contra. Bajo su esquema resultadista -dependiente de las genialidades y por ahí de las ayudas arbitrales- logró pasar de ronda, resolver los obvios problemas del equipo y eliminar a conjuntos que sobre el papel podían haber hecho sufrir al pentacampeón.

Hoy, Brasil fue mejor en el primer tiempo, dominó y encontró el gol. Robinho estuvo activo, Kaká se asoció y siempre buscó los espacios, y Daniel Alves le dio otra dinámica a la recuperación y entrega del balón en el medio campo. En base a la construcción de Alves y Kaká, Brasil pudo haber ganado el partido. Todos los demás fueron discretos por no decir inexistentes en el campo. Por desgracia jugadores como Luis Fabiano y Felipe Melo en especial, no estuvieron enchufados y cometieron errores groseros.

En la segunda mitad, estos errores, que durante toda la competición se vieron, le pasaron factura. Brasil mostró sus clásicas fallas: mal temperamento de todos sus jugadores (en especial de Felipe Melo que fue a romperle la pierna al holandés Arjen Robben. Melo es un criminal que juega al fútbol para ocultar sus desatinos) y agresiones asolapadas de Luis Fabiano y Robinho, malos pases de Maicon y de todo el equipo en general, el cansancio de Dani Alves (que se comió la cancha) y un Kaká del que dependía todo y no tuvo acompañantes de su nivel.

Se sintieron las ausencias de jugadores espectaculares y con mayores recursos sobre el campo como Ronaldinho, Diego y Alexandre Pato. Nadie se explicó el porqué de sus exclusiones en la convocatoria de los 23 que iban al mundial. Jugadores de esa calidad, con buena capacidad de asociación y en buenos momentos de sus carreras hubieran podido darle otra cara a Brasil en sus minutos de necesidad. Si Dunga no los quería como titulares, al menos, pudo haberlos tenido en la banca como mejores opciones de cambio que Nilmar o Baptista, quienes hicieron absolutamente nada cuando entraron al campo en los partidos que participaron.

Holanda dio una lección de piedad y amor propio en el segundo tiempo. Nunca renunció a la posibilidad de empatar y de ganar el partido. En general, todas las líneas de la “Naranja” fueron solidas, y tras un centro con dirección al segundo palo de Sneijder y la peinada de Felipe Melo, Holanda empata un partido que hasta el momento se veía difícil de nivelar.

El partido fue otro después del gol. Robben, Sneijder y Kuyt hicieron lo que quisieron después del gol. Robben hizo sufrir y rabiar a los brasileños por su carril, Sneijder fue indescifrable y Kuyt maltrató con los que venían a pararlo (menos peligroso que los otros dos, pero su trabajo silencioso ayudó). A ellos tres se les suma un Van Bommel que hizo la labor sucia en la media cancha. Mucho criterio para distribuir, quitar la bola y golpear. Asimismo, a pesar de un trabajo discreto de Van Persie que apareció cuando debió para asustar a la zaga. Encontraron el segundo gol después de un tiro de esquina y terminó perdonando jugadas de gol que hubieran humillado a Brasil al término del partido con un resultado tenístico.

En conclusión queda demostrado que el tipo de juego ultradefensivo, resultadista y especulador malogra al deporte rey. En este mundial queda confirmado que no da buenos resultados a la larga cuando al frente se tiene un equipo que sabe con la pelota y no baja los brazos. Por jugar de esa manera egoísta y mezquina, equipos como Italia y Brasil quedaron fuera. Merecida clasificación de los Países Bajos a semifinales. Ahora espera por el ganador del encuentro entre Uruguay y Ghana.

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