Con mucha pena e indignación recibí la noticia de la muerte de María Paola Vargas Ortiz, joven mujer que teniendo toda la vida por delante deja este mundo por culpa de unos desadaptados. No es posible que la sociedad tolere a este tipo de gente que marcha por las calles y llena vehículos de transporte público comportándose como unos energúmenos, que no respetan a nadie. Gritan vulgaridades, hablan lisuras a voz en cuello, buscan pelea por las puras y faltan el respeto a las damas, creyendo que tienen el derecho de hacerlo y que nadie puede detenerlos.
Las leyes del país están mal dadas porque, si bien es cierto hay que respetar los derechos humanos de todos, hay un sector de la población que abusa de eso para operar impunemente al margen de la ley. Si la policía o las autoridades correspondientes usan la fuerza en ciertos casos, porque no les queda de otra para defender el bien común, se levantan ONG's, políticos demagogos, periodistas sin ética, y gente cobarde, que se esconde tras la bandera del pacifismo, criticando y condenando el uso de la fuerza bruta contra "inocentes" que no son más que delincuentes que merecen el peor de los castigos.
Desde ladronzuelos drogadictos hasta el terrorista más maldito que pueda haber, están más protegidos que los ciudadanos honestos que se ganan la vida honradamente. No hay día de Dios que no haya robos y asesinatos en el país en general, y los criminales no pagan sus delitos. Es el colmo que si un ciudadano común evita que le roben, y en el forcejero le ha pegado al ratero y lo lleva a la comisaría, el delincuente tenga el derecho de demandar a la víctima por agresión, daños y perjuicios. ¿Hasta cuándo se va a tolerar esto? Es hora de un cambio radical en este sentido ya que ni en nuestras casas estamos seguros por la ola de delincuencia terrible que sufrimos.
Me aúno al pedido de los familiares y amigos de María Paola que piden cárcel y pena de muerte para estos miserables, que ya tantas veces se les ha perdonado la muerte y desgracias de otras personas. Por favor, sean concientes y no se dejen sorprender por las frases de los familiares de los criminales que dicen que son mansas palomas o muchachos trabajadores que los han confundido, cuando estos malditos tienen un historial de entradas y salidas de la cárcel como si fuera un club.
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